viernes, 18 de septiembre de 2009

FERIA DE SALAMANCA: SONRISAS Y LÁGRIMAS


Castella, a la gloria, y Delgado y "Niño de Leganés", "al hule"

"Una ruina de toros de Garcigrande"

Juan Miguel Nuñez EFE


Salamanca (España), 17 sep (EFE).-

El triunfo de dos orejas del francés Sebastián Castella y las "graves" cornadas que sufrieron los banderilleros Pablo Delgado y "Niño de Leganés" marcaron una tarde en la que fallaron los toros, y en la que Julián López "El Juli" paseó también un trofeo, hoy en Salamanca.
Toros de Garcigrande, bien presentados para la exigencia de una plaza "de segunda", blandos y nobles, de juego variado. Destacó el sexto, el más manejable. El quinto "se dejó" pero siempre con el freno echado. El tercero, el único que tuvo "carbón", fue exigente y prestó emoción. Primero, segundo y cuarto, desrazados y sin fondo.

Luis Francisco Esplá: tres pinchazos y estocada (silencio); y estocada caída (ovación).
Julián López "El Juli": pinchazo y estocada arriba con vómito (silencio); estocada trasera y descabello (oreja con petición de la segunda).
Sebastián Castella: pinchazo y estocada (oreja); y estocada (oreja).

En cuadrillas, Curro Molina saludó en el sexto después de un extraordinario tercio con las banderillas.

En la enfermería fueron operados los banderilleros Pablo Delgado de "herida en tercio superior, cara interna del muslo izquierdo, con trayectoria de diez centímetros que lesiona músculo abductor menor y otra trayectoria a cara posterior de diez centímetros. Herida inciso contusa en labio inferior. Herida en región mentoniana que comunica con cavidad oral. Contusión de maxilar superior e inferior con movilización de incisivos. Pronóstico menos grave".

Y también "El Niño de Leganés" de "herida en cara externa del tercio medio inferior, que interesa músculo tensor de la fascia lata, músculo flexores y desgarra inserciones musculares de cara posterior del fémur, con hemorragia arterial de perforantes en trayectoria ascendente de 30 centímetros que llega a cara exterior del trocante mayor. Pronóstico grave".
Los dos banderilleros fueron trasladados al Hospital Santísima Trinidad de Salamanca.

La plaza tuvo algo más de media entrada en tarde nubosa y fría, progresivamente despejada y cada vez más gélida.

Una ruina de toros exceptuando el último. Salvó la tarde la profesionalidad de los toreros, pues en otras manos, con otro ánimo y disposición, posiblemente no hubiera resultado el festejo. Quién diría, una salida a hombros, la de Castella con una oreja en cada toro, y un apéndice más para "El Juli". Hay que ir por partes para detallar méritos.

Castella, bien en conjunto. Agraciado con el mejor lote. Su primero, no obstante, tenía mucho que torear. Por la condición misma del toro, encastado de más, y porque se quedó crudo en el caballo, donde apenas se le marcó. Sembró el pánico en banderillas y fue complicado para la muleta.
Rebrincado y descompuesto, estuvo a punto de hacerse el amo, hasta el extremo de verse desarmado Castella a mitad de faena, cuando todavía estaba por definirse la misma. En realidad fue faena intermitente, más entonada en la segunda parte cuando el torero acertó a "vender" la sensación de peligro. Ahí cortó la oreja a pesar de un pinchazo previo a la estocada.
Mucho más redonda fue la faena al sexto, teniendo en cuenta también que el toro colaboró más y mejor. Castella lo hizo todo con solemnidad, con suma limpieza, acortando distancias progresivamente, hasta adueñarse de unos terrenos que al principio parecían exclusivos del toro.
Muy firme, muy capaz y sintiéndose. La estocada dio paso a otra oreja, esta vez sin discusión, definitiva para la salida a hombros.

Al "Juli" le tocó un primer toro manso e inválido, con el que no le cupo otro papel que el de la voluntariedad. Cites a media altura, mimando mucho al astado, que a duras penas se mantenía en pie. En el recibo hubo buenos lances. Pero hasta ahí. Abundaron las protestas contra el animal.
Y el quinto, toro algo mejor, pero solamente algo, en las portentosas manos de "El Juli" pareció otra cosa. Las medias arrancadas y caídas iniciales consiguió "El Juli" hacerlas desaparecer a base de temple.
Le costaba un mundo seguir los engaños al de Garcigrande, pero poco a poco le fue enjaretando muletazos de mucho enjundia, eso sí, de uno en uno. Fue la única laguna del trasteo, la falta de ligazón.
Pero el hecho "de inventarse" el toro y a continuación el mismo procedimiento con la faena, "inventada" también, tuvieron enorme mérito. El hecho de matar asimismo con cierta celeridad fue clave para pasear la oreja. Hasta le pidieron la segunda que el presidente ya no concedió.

Esplá no tuvo toros propicios. Saludó la ovación que viene siendo preceptiva en cada tarde de esta temporada de adiós. A su primero, manso redomado, le hizo faena tan laboriosa como anodina.
El cuarto, muy protestado por cojo, tampoco dio de sí. Fácil y con torería en banderillas. En lo que se considera faena de muleta hubo muchos medios pases y muy aislados. Faena en realidad sin argumentos. EFE

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