lunes, 14 de septiembre de 2009

FERIA DE VALLADOLID: E. PONCE EN MAESTRO


Enrique Ponce cierra con maestría la Feria de Valladolid y corta una oreja



Se le pide con fuerza la segunda y el palco la niega. Tendero deja buena impresión



Juan Miguel Nuñez/Efe /
Valladolid 14.09.2009 -


El matador de toros valenciano Enrique Ponce cortó la única oreja de la tarde tras una faena en la que se le pidió también con fuerza la segunda y le obligó el público a dar dos vueltas al ruedo, en la octava y ultima corrida de la feria de Valladolid, celebrada ayer. Se lidiaron toros de la ganadería de El Puerto de San Lorenzo, bien presentados y de juego desigual, manso el primero, manejables segundo y tercero, fue un gran toro el cuarto, bueno el quinto y con clase pero sin fuerza el sexto. Enrique Ponce, ovación y oreja con petición de la segunda y dos vueltas tras aviso. Manolo Sánchez, ovación y ovación tras aviso. Miguel Tendero, ovación tras aviso y ovación. La plaza de toros de la capital pucelana tuvo media entrada en tarde agradable. Ponce intentó lo imposible en su primero, un manso de solemnidad. Lo consiguió a veces pero sin lograr trasmitir emoción por la borreguil embestida del astado. En su segundo toro apareció el magisterio de Enrique Ponce en una faena en la que las series con la derecha se sucedieron con temple, mando y torería. Hubo un bache al coger la zurda pero remontando al instrumentar unas poncinas que llevaron el entusiasmo a los tendidos. Posiblemente la mala colocación de la espada, pues fue baja la estocada, impidió la concesión de la segunda oreja que el público pidió unánimemente. Manolo Sánchez realizó una faena larga y desigual a su primero en la que mezcló muletazos de mucho gusto con otros vulgares y no pocos enganchones. No terminó de acoplarse en su segundo, en una faena intermitente y sin convicción, en la que tampoco acertó con las distancias. Tendero toreó bien a la verónica y con la muleta cuajó artísticos derechazos muy ligados y despaciosos, pero decayó su labor en el toreo al natural conforme el toro perdió fuerza. En su segundo, que brindó a Enrique Ponce, hizo faena valiente y entregada pero sin relieve por la falta de fuerzas del astado.

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