martes, 21 de junio de 2011

David Mora refrenda sus ganas con una oreja de peso

©DOLORES DE LARADavid Mora, el madrileño, que ya gustó en San Isidro,
crece con un encastado Martín Lorca

Por Ismael del Prado (La Razón) / Fotografías: ©Dolores de Lara

El madrileño citó en largo desde los medios dando mucha distancia al precioso salpicado que hizo segundo. De tremenda arboladura y hondo, el toro desarrolló emoción y casta en el último tercio, a pesar de haber salido suelto y sin fijeza en varas. Mora supo entenderlo. Firme y bien colocado, hizo un esfuerzo y cuajó varias series en redondo.

©DOLORES DE LARA David Mora saludando al respetable

Cargando la suerte, profundo, alargando la embestida del animal, que repetía sin freno en la muleta. Menos tono tuvo la serie por el izquierdo, pero regresó al derecho para volver a calentar al tendido que, tras matar de estocada entera, le premió con una merecida oreja. Apuesta con justo premio. Más cerca que nunca de esa puerta grande tan soñada durante años. Mora no se conformó. Quiso. Ambición torera que le animó a trazar los mejores lances de toda la tarde con el capote en los de recibo. Verónicas con sabor. Quiso también en el galleo por chicuelinas. Y quiso con la muleta. Pero su rival no estuvo tan por la labor de colaborar. Sin clase, raza, fue cada vez a menos. Se diluyó como un azucarillo. Y el espigado espada no pudo pasar de digno y predispuesto. Muy predispuesto. Un refrendo al alza a su entonado paso por San Isidro.

Serafín Marín pechó con un colorao imposible para abrir plaza. Bajo, bien hecho, pero sin un ápice de fuerzas. Inválido. Protestado ya antes de ser picado, las quejas arreciaron en banderillas. No hubo devolución y el torero templó a media altura al animal en tres series a media altura. Pases limpios, aseados, pero sin emoción alguna. Al cuarto, de feísimas hechuras, trató de darle sitio en las tandas iniciales pensando que era lo que nunca llegó a ser. Con movilidad y rauda acometida, sólo se empleó en las dos primeras series. A partir de ahí, el astado empezó a rebrincarse, más reservón, y sin demasiada codicia. Le arrancó muletazos en labor de largo metraje, pero de uno en uno. Así, sin ligazón, en Las Ventas, ya se sabe… Una quimera. 

©DOLORES DE LARA Serafín Marín

Alfonso Oliva Soto llegaba a Madrid tras quedarse fuera de los carteles en la isidrada. El sevillano sorteó un castaño abierto de cuerna, pero con poco remate por atrás. Sosote en la franela, lo toreó a media altura casi siempre, porque tampoco le sobraban energías. Incluso algún que otro resbalón aconteció. Tampoco el andaluz logró conectar con el espectador con su soltura habitual. De larga cambiada saludó al que cerró plaza, remiendo de Escribano Martín sin remate. Esta vez sí metió pronto a la gente en la faena. Con personalidad, dejando la muleta muy puesta, pero demasiado acelerada. Le faltó temple y mesura, epilogó por ajustadísimas bernardinas, pero pinchó y no pasó de la ovación. La tarde era de David Mora. Buscó y encontró. Una oreja, ¡cómo la saboreó! Feliz como pocos la paseó. Lo suyo le costó. El madrileño, como en mayo, al alza.

©DOLORES DE LARA Oliva después del primer susto

©DOLORES DE LARA Jorge Fajardo es entrevistado por Miguel Ángel Bravo

Las Ventas (Madrid). Se lidiaron toros de Martín Lorca y uno de Escribano Martín (6º), desiguales de presentación, noble, pero sin fuerza, el 1º; encastado y con ritmo, el 2º. El 3º, manejable; el resto sin raza.

Serafín Marín, de blanco y oro, estocada baja (silencio), pinchazo, estocada, aviso, descabello (leves palmas).

David Mora, de tabaco y oro, estocada (oreja); estocada caída (ovación).

Oliva Soto, de nazareno y oro, media atravesada, descabello, aviso, dos descabellos más (silencio); pinchazo, estocada casi entera, aviso, dos descabellos (ovación).

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Fuente del Toro al Infinito

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