martes, 13 de septiembre de 2011

LOS LOZANOS: DINASTÍA IMPERIAL DEL TOREO

Los Lozano

Por ANTONIO D. OLANO
Fotografías: ©DOLORES DE LARA

©Dolores de Lara

¡Chapeau! Lo escribo en francés porque gabacho de nacencia. Lo es, un torero al que más miro y admiro en esta monótona actualidad – toros sin identidad, calidad definida, figuritas, figurones, figurones, paspases admirados y pregonados por la transposición de antiguos revisteros, sobreros y demás calaña que hoy se hacen llamar críticos taurinos, súbditos del “poderoso caballero” quevedesco y embobados por esas tanagras. Muñecones de las cajas de música que bailan al son que les tocan y no del pasodoble y a los que yo califico de “naranjas mecánicas”.

Sin excepciones dicen que no hay reglas. Y una de ellas, busco otras y difícilmente las atisbo, me encuentro con esa mezcla sanguínea de civilizaciones ( española, eslava, francesa) que se llama Sebastián Castella, al que he referido esta temporada en esta misma publicación en la que mi amigo Vidal, al que tengo por Marqués del Temple. me acoge cada otoño. Con motivo de las corrida de Linares, siempre en el aniversario de la cogida y muerte de “Manolete”, toreaba y bien toreó, uno de los muchos sucesores que le buscaban a Manuel Rodríguez, con olvido de que las grandes figuras solamente se suceden a si mismos en el recuerdo.

Pero los españoles, que empujamos en la cucaña a nuestros compatriotas, para derribarlo antes de que llegue a la otra punta del mástil y encuentre el premio. Enloquecemos con las comparaciones y las sucesiones, nunca nos ha importado la muerte de los Reyes porque nos gusta gritar, inmediatamente después del anuncio del deceso, ¡Viva el Rey!.

Y en lo que a los toreros se refiere, podríamos parafrasear los versos populares andaluces, utilizados después de recogerlos del pueblo los dos Grandes Machado, que todas las primaveras, andan buscando escaleras, para subir a la Cruz. Los aficionados españoles también en primavera que es cuando florece la temporada se dejan embobecer con los nuevos ídolos (naranjas mecánicas que amargan) buscan y rebuscan sustitutos. Pienso: los toreros, cuando no pueden más y no los llaman. Se retiran-¿Por qué no sólo se jubilan los ancianos ”sabelotodos”?

Colaboro en un periódico digital, “LaMontera.Net”. Que es, lo afirmo y no admito discusión, el primer digital y el más leído que abarca Toros y Más. Su directora, prodigiosa reportera gráfica además, me llamó al filo del cálido verano, precisamente en tiempo de conmemoraciones. Me dejó un recado - ¡qué hermosa palabra! - en el que rezaba: “He visto a Castella. Efectivamente, es el sucesor”

Le respondí: Porque conocía la actitud de “a Dios rogando y con el mazo dando”:

©Dolores de Lara

“Castellla, efectivamente, reinventó el toreo. Y adorna su ortodoxo Arte nada menos que con la emoción”. Antepone el triunfo al triunfalismo del que escribe un todavía joven y grandísimo crítico francés, Vicente Bour “Zocato” este si que sucesor de Claude Popelin el grande. Y de Jean Cau, genio literario francés, que dedicó sus mejores textos a la tauromaquía, mayormente española.

©Dolores de Lara

Y torno, sin haberlos abandonado nunca, a los Lozano, cuyos éxitos ganaderos aquí se conmemoran. Sus toros, toros, torazos, han puesto la divisa de “Alcurrucén” en los cuernos de la luna. Y, por el mismo precio, siguen siendo dueños de la Tauromaquia. Felizmente para su prestigio ya legendario nunca estuvieron “de moda”. La moda es un estado provisional. Que no conduce a la importancia.

Sigo su trayectoria, y su amistad, desde hace tantos años como todos éramos adolescentes. Y seguimos disfrutando del grado anterior y superior de la adolescencia, la infancia. Solamente se es cuando nos dicen: “Sois como niños”.

Mi padre, Balbino Domínguez y otra vez Domínguez, era veterinario y Manuel Lozano, biznieto, nieto e hijo de veterinarios, estudiaba en un colegio mayor de Madrid para seguir la misma profesión. El biznieto del veterinario de Majadahonda alojaba en su mágica mente tres vocaciones: la de la veterinaria, la taurina y la amatoria. A fe que triunfó en las tres porque supo aplicar aquel dicho de “a Dios rogando y con el mazo dando”.

No ejerció la inconclusa carrera veterinaria. Empezó torear y, además de empresario, hizo que la alternativa se la diese “El Cordobés”. En Tánger. El “Don Juán” encontró, como el Cid Campeador, a una espléndida mujer, Jimena.

Por orden de nacencia toledana, Alameda de la Sagra, le correspondía ser el D´Artagnan de “los tres mosqueteros”, sus hermanos Pablo, Eduardo. José Luis (la hermana Conchita punto y aparte) pero dejó que luchasen colectivamente los Aramis, Porthos y Athos, en la difícil esgrima de Tauro. Eran pura intuición: acertaron e hicieron pleno publicitario al permitir un reportaje a toreros a ser reclamo de los “Armani” de turno. Afirmaron que Espartaco era virgen. Y de galanura singular. Y, como decía Luís un Miguel, las mujeres eran la clave. “Nadie se pondría medias rosas para hacer el paseillo si en el tendido no hubiese una mujer”.

Pablo Lozano más que venir “rompiendo” llegó construyendo el buen toreo. Le llamaron bien llamado “la muleta de Castilla”, seda con la que han triunfado los mejores “coletudos ”España a la que solamente los pretendidos taurinos lerdos, quisieron dividir en “de Despeñaperros para arriba y de Despeñaperros para abajo”. Las muletas castellanas fueron las que dieron mayor intensidad a toreo :”Cúchares”, nacido en los madriles y que da su nombre al arte del toreo arte La inmensidad de Fernando Domínguez. Los pases sin prisas,solemnes de “El Viti” .La “resurreccion, genio interrupto, de “Antoñete” Las Sofonías, incompletas porque la batuta sirve como espada. De Victoriano Valencia. El capote de Vicente Escudero. Pablo no<llamó a la muleta el sueño de Castilla sino de todo Tauro. Vicente Pastor “El niño de la Blusa. <<<<<<Domingo Ortega, el toreo y el infinito. Marcial, que llenaba los ruedos haciendo volar su mariposa. Victoriano de la Serna, creador, locutor de sus propias faenas y la madre que tan bien lo parió.

Eduardo, siempre taurino, nunca pretendió vestirse de luces. Sin embargo ha sido, en la historia de la torería, uno de los más sufridores que, por suerte y grande suerte, como figura en el martirologio taurino. Presenciaba, en la plaza de toros de Segovia, la actuación de su poderdante, descubrimiento, y más tarde un hermano más, Sebastián Palomo Linares. Un toro rompió la tablas .. fronteras del callejón. Eduardo estaba en la tronera de un burladero. El toro le atravesó el pulmón.

En lo que se refiere al benjamín, José Luis, también se vistió de luces; pero como novillero. Su deriva lo llevó hasta la empresa y el apoderamiento- Igual deriva que la de su sobrino Luisma, novillero al que le funcionaban sincronizados la cabeza y el corazón, pero que recaló en el apoderamiento, otro de los oficios familiares.

Comparte esa dedicación su hermano, Fernando Lozano, triunfador absoluto, como matador de toros, en una “isidrada” Torero de puerta grande al que nadie se atrevió a calificar como “hijo de papá”. El ganador de todos los trofeos isidriles, el “Mayte” incluido, me confesó entonces: “Yo también he sido maletilla que viajaba sin billete en los trenes que llevaban a las dehesas. No dejo de reconocer que me ayudó decisivamente el ambiente familiar. Cada día veremos más toreros hijos de toreros. Hoy el “maletillla” no pasa hambre y cada vez abundarán más los toreros de dinastía. Pero eso no te libra de cornadas graves como las que he sufrido yo. Hay que jugársela si se quiere ser algo. Siempre he dado la cara y no la volví jamás”.

(Hasta el dia de hoy Fernando apodera a Juan Pablo Sánchez un torero mexicano, con el que comparte doble nacionalidad Fernando que, como sus hermanos, es hijo de mexicana).

 ©Dolores de Lara Juan Pablo Sánchez, muy bueno ¡si señor!

Los tres continuadores de la dinastía son hijos de Pablo Lozano. Uno de ellos, Pablo, es un escultor, preferentemente taurino, notable. Pero triunfar en el Arte, y él ya tiene un nombre reconocido, es cuestión de aguantar. El que aguanta gana, decía nuestro amigo Camilo José Cela. Y él, sin abandonar la resurrección del barro y el nacimiento del bronce y la piedra, se retiró a sus cuarteles campestres y dedicó casi todo su tiempo a representar a rejoneadores.

Me ha tocado vivir, el que vive goza, tres épocas gloriosas de la “Monumental” madrileña. La de los Jardones y Livinio Stuick, comadrones de la grandeza de la catedral del toreo al deja que viniesen al mundo las “isidradas”. Después el “choperismo”, comandados por Manolo que si alguien me dice que inventó la Fiesta voy y lo ratifico. Y después, por orden cronológico y no de importancia, los Lozano. A los que conocí, en amor al patio de cuadrillas para la juventud pujante, y unos años después el nombre de “la chata”. Ellos inventaron “la oportunidad, que lo fue realmente, con la que ayudaron a aspirantes a toreros y despiojaron una profesión inicialmente mendicante.”Palomo Linares, Curro Vázquez, “El Viti” y, porque no “El Platanito” son sus poderes.

1990 y los Lozanos al poder. También era grande el peso de su púrpura. Siempre guerreros, llevaron por las plazas de pueblo, montaron plazas portátiles para que toreasen “los guerrilleros”. Manuel Benítez y Palomo Linares, ya figuras, encabezaron la rebelión contra la dictadura de los empresarios. José Manuel Carril, el que dejó escrita gran parte de la biografía de los Lozano y yo los seguíamos hasta su desfile en ruedos improvisados, cercados por talanqueras. El naciente Julio Iglesias me pedía que lo llevase conmigo porque deseaba sacar en hombros a los dos ídolos.

Los Lozano posiblemente no hacían milagros; pero ayudaban mucho a que se realizasen. En su primer año ventero (1990) la apertura de la puerta de cuadrillas a una juventud que exige primeros puestos, Un año después, titulan en “Toresma” es “el año en que Rincón tomó Las Ventas”. Sale seís tardes por la Puerta Grande madrileña, en hombros y bajo el palio de la gloria, a la calle de Alcalá, de la calle de Alcalá a la Oreja de Oro y recibir el abrazo del Rey de España.

  ©Dolores de Lara

Cesar Rincón abrazado por el Rey después de entregarle la Oreja de Oro

©Dolores de LaraMano a mano, contrastando su tarda grandeza, José Ortega Cano. Es, como Paco Ojeda y algún otro, la realización de sueño de una tarde de verano, pasadas las “isidradas” porque dicen y yo lo afirmo, aquello de que el lingote de oro siempre se cambia.

Confirma su mando en plaza, el milagro de los toreros bendecidos por Chopera, el mesías, el salvador y redentor de la Fiesta que, para completar su grandiosa obra, viene el mártir: “El Yiyo, que iba a ser apoderado por los Lozano. Apoteosis de Enrique Ponce, que iba camino del poder y la gloria. Dicen que el duende, siempre tiene sitio de honor para Curro Romero y espacio abierto para Rafael de Paula.

©Dolores de Lara

MENTORES DE TOREROS QUE HACEN HISTORIA, PASARON A LA HISTORIA SU GANADERIA DE ALCURRUCEN

Hacen historia, mano a mano torero y toros, los “Alcurrucén” y “el brujo”. Julito Aparicio. Acaeció el 18 de mayo de 1944. Cortó dos orejas y abrió la Puerta Grande, después de confirmar la alternativa de manos de Ortega Cano- Al dia siguiente otro “Alcurrucén” permitiría que Curro Vázquez protagonizase otra faena de ensueño. Abrió dos puertas en 1997 José Tomás, Abrió la Grande y la de la enf©Dolores de Laraermería. Apuntaba a ídolo. 1998. Presentación de “El Juli”, el madrileño al que jamás se ha entregado su paisanaje y se fue Ortega Cano, que volvió en varias ocasiones porque la cornada más grave para un torero es la retirada. Como dato ilustrador quiero apuntar que en Aranjuez David Mora indultó un toro de la citada ganadería. Y Victor Puerto indultó otro, tras una memorable faena, en la plaza de Miguelturra (C. Real).

El toro indultado de nombre “Baturra”

Continua su romance con los aficionados de Madrid, que es su verdadero pueblo, Luis Francisco Esplá, el “Cossio” en su toreo- El triunfo del equilibrio del también pintor y escritor de raza. Dice que en Madrid haría el paseíllo todos los días.

El toro y Europa raptada por el toro. Concluyo aquí mis páginas en tiempo de “alcurrucenes”. Y, cuando alcanzaron la gloria, recuerdo a dos personajes esenciales si se quiere reconstruir la grande biografía de los Lozano. Ese Manolo Cano, siempre encerrado en su despacho televisión enchufada y amigos haciendo tertulia, con su puro habano por bandera. Y, naturalmente, a José Manuel Carril, el sexto de Los Lozanos, escritor- periodista y amador simpar de simpares mujeres.

El escenario de su pasión y muerte no podía ser otro que su lugar en la tierra: El “Hotel Wellington”. Huésped perpetuo del hotel de Baltasar Iban, ganadero de reses bravas, animador del mejor ambiente taurino de la Villa y Corte.

Concluyo con frases de “Casablanca”. Cuando los toros sean, van camino de ello, una casa y una ruina, aun nos quedan los Lozano.

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