viernes, 23 de marzo de 2012

LA FIESTA TERMINÓ

Castellon Magdalena 2012

  Por Juan Miguel Núñez / EFE

Juan Miguel Núñez

El carácter torerista de La Magdalena, algo así como una pleitesía a las figuras del toreo, este año ha dado un giro de ciento ochenta grados para resaltar el papel del otro gran protagonista de la corrida, el toro, cuya expresión más genuina surge de ganaderías como Miura, Victorino o Cuadri.

Es cierto que las figuras aportan glamour a los carteles, haciéndolos más atractivos de cara al gran público. Pero no es de recibo que la selección de nombres con gancho se haga a expensas de devaluar el toro, al extremo de casi aniquilar el elemento fundamental de su raza, la bravura.

Toro éste habitualmente en la frontera del escándalo, a veces por su esmirriada presencia, o por las sospechas e incluso evidencias de fraudulenta manipulación de sus astas, lo que se conoce por "afeitado". También porque en su selección genética se le ha ido restando ímpetu, codicia, fuerza y fiereza, hasta el punto de que lejos de ser un animal que provoca miedo, a veces da lástima.

Pero en Castellón este año, sobre todo en el tramo final de su feria, las cosas se han hecho de otra manera. Ha salido el toro con toda su pujanza e integridad, y no ha habido deserción en el tendido como vaticinaron los eternos agoreros.

No se sabe bien si fue por abaratar presupuestos en los tiempos que corren de crisis, o porque se quiso rescatar la emoción del espectáculo desde la esencia de la bravura, el caso es que el gran atractivo de esta feria sobre el papel eran los desafíos toristas.
Y así, los mano a mano Victorino-Cuadri, Miura-Cuadri y Miura-Victorino, es lo que ha funcionado, por lo que han aportado los toros de estas divisas, y por el compromiso y la capacidad de los toreros que se anunciaron con ellas. El público, y más aún el aficionado, quedó encantado con los resultados.

Aventuraban los análisis previos a la celebración de la feria lo poco bueno que se esperaba por la ausencia casi generalizada de figuras. Hasta el maestro Ricardo Díaz-Manresa argumentaba su opinión con el ejemplo de la tortilla sin huevo, dando a entender que esos toreros son absolutamente imprescindibles en cualquier serial. Y por donde, esta vez no ha acertado ni tan insigne periodista y aficionado.

Ya en la primera contienda entre ganaderías toristas hubo una gran faena de Uceda Leal a un "victorino", una labor de extraordinaria hondura y reciedumbre, rematada con una estocada de las suyas, es decir, de manual, premiada sólo con una oreja por la frialdad de ir abriendo plaza. La misma tarde, la rebelión y revelación de dos jóvenes con gran espíritu torero, Alberto Aguilar y Rubén Pinar, los dos a hombros.

En la segunda función, otros dos colosos. "Rafaelillo" demostró que lejos de los atragantones que se pasan con "los miuras" también se les puede torear pausado y con gusto gracias al valor y la técnica que él atesora. Y Javier Castaño, valentísimo y con las ideas muy claras para pegarse un "arrimón" muy serio. Ambos cortaron una oreja, premio que se le fue con la espada a Serafín Marín después de dominar también a un exigente "cuadri".

El último día, José Luis Moreno cuajó la faena de la feria, como suena, ¡y a uno de Miura!, por temple, dominio, ajuste y regusto, aunque lo echó todo por tierra con la espada. Luis Bolívar, que cortó una oreja, también se reivindicó con un trasteo de enjundia, valor y conocimientos a un "victorino" nada fácil. Al local y modesto Paco Ramos no le salieron las cosas, lógico, por su inexperiencia con toros así.
Al margen del renombrado tresdoble que deja la gran estela de los toreros ya citados que quieren y pueden abrirse paso entre los de arriba, la feria ha tenido también otras referencias notables.

El primer día Iván Fandiño justificó la fama que le trajo a debutar en Castellón, con dos sólidas faenas, sin embargo, sin la firma de la espada. Esa tarde se lidió una corrida encastada y muy toreable de Fuente Ymbro. Matías Tejela, a medio gas, se llevó una oreja. Y Diego Urdiales, debutante también, no dio la talla.

En la birria de corrida de José Luis Marca, hubo una generosa oreja para "El Cid", que firmó buenos naturales en una faena sin estructura completa. "El Fandi" agradó hasta lo poco que aguantaron sus toritos, es decir, capote y banderillas. Y quiso mucho el local Abel Valls, pero sin "material" propicio.

La única tarde de figuras, con un encierro de Jandilla de aceptable presencia y comportamiento que no fue muy allá, la terna salió a oreja por coleta. Enrique Ponce, tras siete años sin pisar esta plaza convenció por compromiso y maestría; Sebastián Castella toreó en las cercanías con relajo y dominio; y Daniel Luque triunfó también por puro empeño, con tenacidad y arrogancia.

En la novillada picada, con buenas reses de "El Parralejo", deslumbró Fernando Adrián, que cortó dos trofeos por ambición y personalidad; López Simón, en puertas de la alternativa, no dio el definitivo paso al frente a pesar de la oreja que cortó; y gustó Conchí Ríos, aunque manejó mal los aceros.

Los noveles de la sin picadores, con buenos erales de Fernando Peña, cumplieron aceptablemente, sobre todo Jorge Expósito y Vicente Soler, orejeados ambos; a Jonathan Barea le faltó reposo, en contraste con las ganas.

En la de rejones, con los toros de "Los Espartales", clásicos en esta feria, Fermín Bohórquez toreó puro, aunque sin matar bien; Sergio Galán, atrevido y elegante pero fallón igualmente al matar; Joao Moura, con el peor astado, tuvo altibajos; Noelia Mota, muy arropada por el tendido, se justificó; y Manuel Manzanares lució tan buen estilo como frialdad, y con el hándicap del rejón final.

Punto y aparte merece el retorno de Andy Cartagena tras ocho meses de calvario por una lesión en su pierna derecha. Fue el único rejoneador que "tocó pelo": dos orejas. Cartagena conserva la frescura de su estilo, y es ejemplo de fe y constancia.

 Es lo bueno que ha tenido La Magdalena, gracias al toro-toro, a los toreros que han resuelto en triunfo y al público, cuyo comportamiento para seguir las evoluciones de la lidia ha sido también ejemplar. Se ha notado que Castellón entiende y ama el toreo en sus raíces más puras.

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