martes, 14 de mayo de 2013

Brutal atropello iniciático.

©Dolores de Lara 

Por Antonio Lorca / Fuente: El Pais / Fotografías:©Dolores de Lara

López Simón no olvidará nunca su primer muletazo en las Ventas como matador de toros. Citó por estatuarios, y el animal acudió con violencia. En el momento del encuentro, cambió su trayectoria y atropelló al muchacho como solo puede hacerlo un camión. ©Dolores de Lara Se lo echó a los lomos y lo pisoteó en el suelo. Parecía evidente que no llevaba cornada, pero la paliza fue de esas que solo se soportan con los veintidós años que tiene este chaval.

Quedó en el suelo totalmente desmadejado. ©Dolores de Lara Ayudado por sus compañeros, no se mantenía en pie. El Cid le vació una botella de agua por la nuca, y el líquido obró el milagro. El torero se repuso, tomó aire, pidió la muleta, y con el vestido blanco hecho un cristo entre la tierra mojada y la sangre del toro, se dirigió con paso firme hacia la boca de riego.

Allí, hincó las dos rodillas en la arena, no se sabe si en actitud heroica o porque no le sostenían los magullados huesos, y volvió a citar al toro.©Dolores de Lara

Fueron cuatro o cinco muletazos con la mano derecha, en los que la emoción fue creciendo hasta el do de pecho final, el torero ya enhiesto, desbordó el entusiasmo en los tendidos.

Nunca un golpetazo tan descomunal tuvo un final tan gratamente inesperado. Lo cierto es que López Simón había pasado del dolor al éxito en cuestión de minuto y medio, y se había metido a la gente en el bolsillo con una reacción propia de torero valiente y cabeza fría.©Dolores de Lara

A partir de ahí, la película no siguió el guion esperado. El toro se vino abajo, molestó el viento, y el péndulo de la tensión fue perdiendo intensidad. Además, mató muy mal, y todo quedó en una ovación de reconocimiento porque el joven torero se había presentado en Madrid con un atropello inicial de los que hacen época y no perdió la compostura, que se dice pronto.©Dolores de Lara

Volvió a intentarlo en el sexto, cuando llovía con fuerza y el público estaba más pendiente del paraguas que de lo que ocurría en el ruedo. Un toro muy manso y rajado, que embestía a regañadientes y a su aire, le impidió alcanzar el éxito que buscó con pundonor y entrega encomiable. Algunos naturales brotaron ajustados, -siempre al hilo del pitón-, y aunque volvió a errar con el estoque, quedó claro que este muchacho quiere ser torero.

 Relatado por Lorca según ha sido

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