martes, 7 de mayo de 2013

MI RECUERDO DE MINGOTE

©Dolores de Lara

Por Gustavo José Monge

 Madrid, Mayo 2013 .-Al finalizar las cenas de los amigos de Julio Camba en Casa Ciriaco, Dolores de Lara, manchega, de La Solana (Ciudad.Real), viene frecuentemente a hacer el reportaje gráfico de lo que allí sucede. En la cena de marzo al no asistir las habituales plumas consagradas nos animó a enviarle una crónica para LAMONTERA.net. Fue entonces cuando me decidí a escribir mis recuerdos sobre el contertulio Mingote en el primer aniversario de su fallecimiento.

El 18 de abril, hizo ya un año, se celebró el funeral por la muerte de Antonio Mingote. Ángel Manuel García, el relojero de la calle de la Sal, compañero del Ramiro, me lo había comunicado por email. Me fui en metro hasta Retiro y cruzando el parque por las fuentes de la Alcachofa y de los Galápagos, bajo la llovizna que parecía unirse a la tristeza de tan buen amigo de los caminos y parterres del parque madrileño, llegué a los Jerónimos con casi todos los asientos ocupados y algunas personas de pie en los laterales. Me senté al final a la derecha, junto a Francisco Maruenda, el de La Razón, que me miró sin saludarme.

Allí estaban la viuda y el nieto de Mingote, el príncipe Felipe, Esperanza Aguirre, el director de Vocento y muchas personas importantes y menos importantes de la cultura.

El sermón hablaba de un ángel de Dios que supo conectar con las pequeñas cosas que preocupan a la gente corriente. La música de Mozart, Verdi, Weber y sobre todo La muerte no es el final, recordando su pasado militar, terminó emocionándonos a todos.

Yo conocí a Antonio Mingote en las cenas de Casa Ciriaco que los terceros lunes de mes celebramos los Amigos de Julio Camba, siempre de la mano de Ángel Manuel.

En estas veladas he tenido la ocasión de conocer de cerca y charlar con personajes de la talla del tantos años alcalde de Madrid Álvarez del Manzano; del arquitecto del estadio Santiago Bernabeu Antonio Lamela; del presentador y periodista Alfredo Amestoy; del cronista decano de la Villa de Madrid y vecino de la ciudad de los Periodistas Enrique de Aguinaga; de la sin par cupletista Olguita Ramos, que al conocer mis aficiones a las fuentes de Madrid me cantó La Mariblanca con el amigo Gonzalo Moles a un lado; de Alfonso Arteseros, el de Madrid en la Memoria que todavía no me ha dado contestación a los vídeos de Madrid que le dejé; del también desgraciadamente ausente Antonio de Olano que te miraba y te hacía una radiografía; pero sobre todo y es quien hoy nos interesa de Antonio Mingote que ya al final empezó a faltarnos a las tertulia porque su mujer María Isabel no le permitía tanto desgaste social.

Yo recuerdo a Mingote mirando decidido al plato de la famosa gallina en pepitoria de Ángel como algo que no estaba dispuesto a compartir con nadie. El día que nos conocimos hablamos de su sobrina Virginia Vigiola, a quien tuve como alumna en Inglaterra; hablamos del abogado Villanueva que veraneaba en El Tiemblo con sus hijos Enrique, Elisenda, Teté…, amigos de la pandi en las correrías por Burguillo, la verbena y el castañar. Precisamente Teté se casaría con el hermano de su mujer y en la librería MYR de la ciudad de los periodistas comentamos a veces las vivencias de juventud.

Al enterarse de que como director de Chesterfield Centre yo había llevado a Inglaterra a más de quince mil españolitos durante treinta años fue cuando me soltó: “Pues has hecho por este país más que yo con mis monigotes”

Confieso que aquella contestación ha sido una de las mayores satisfacciones personales que he recibido en mi vida, primero por venir de quien venía pero sobre todo en un momento en que yo andaba buscando en el mundo literario lavar la traición que mi subdesarrollada conciencia católica arrastraba por haberme dedicado al mundo de la empresa. Esa capacidad magistral de síntesis que en este caso viví personalmente es lo que para muchos define la genialidad del gran Mingote.

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