sábado, 4 de octubre de 2014

4 de octubre del 2014, 50 Aniversario del fallecimiento de el “Papa Negro”

Don Manuel Mejías Bienvenida, el “Papa Negro” en 1916. Foto: Walken. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Por: Rafael Dupouy Gómez

©Dolores de Lara

Hoy, 4 de octubre de 2014, se cumplen 50 años de la triste desaparición física del inolvidable don Manuel Mejías Rapela, el “Papa Negro”, padre de la más famosa dinastía torera de España, integrada por sus hijos: Manolo, Pepe, Rafael, Antonio, Ángel Luis y Juanito Bienvenida.

Don Manuel Mejías Rapela, el “Papa Negro”, era hijo del fundador de la dinastía, Manuel Mejías Luján, Bienvenida I, un banderillero que fue muy bien considerado en su tiempo y que tomó por apodo el nombre del pueblo donde nació “Bienvenida”, en la provincia de Badajoz. Fue su padre un eficaz lidiador, buen banderillero y peón de confianza de matadores de categoría como: Bocanegra, Chicorro, El Gordito, Hermosilla, Mazzantini y el mexicano Ponciano Díaz.

La madre del “Papa Negro”, era doña Teresa Rapela y su hermano mayor José Mejías Rapela, Bienvenida II, fue novillero, banderillero, matador de toros y gran conocedor de la fiesta. Descubrió, en el matadero de Sevilla, el talento de Pepe Luis Vásquez y de su sobrino Antonio Bienvenida. Manuel Mejías Rapela, Bienvenida III, el “Papa Negro”, nació en el pueblo “Bienvenida” (Badajoz), el 12 de febrero de 1884, adoptando, al igual que su padre y su hermano, el apodo “Bienvenida” por el cual se dio a conocer su familia taurina. El 10 de noviembre de 1896, se presentó en Huelva, en una becerrada, con su hermano José “Bienvenida”. Tuvieron una gran actuación y los repitieron, el domingo siguiente en la misma plaza. El célebre matador de toros, Antonio Carmona “El Gordito”, le obsequió a Manuel Mejías “Bienvenida”, el último estoque que utilizó en su profesión, según reseñó el diario “El Imparcial” de Madrid, el 10 de diciembre de 1898. El 25 de diciembre de ese mismo año, se presentó Manuel Mejías Rapela “Bienvenida Chico” en la plaza de toros de Madrid, para estoquear dos becerros de una ganadería de Colmenar, señalando el anuncio del día anterior: “Pondrá banderillas en silla, siendo acompañado por su padre en el redondel, vestido de paisano”. Actuó junto a Ramón Navarro “El Moro” y Valentín Conde.

En 1902, se presentó como novillero en Madrid, sorprendiendo por su arte, valor y dominio en todas las suertes. El 14 de enero de 1905, se publicó una entrevista en la revista “La Fiesta Nacional” en donde el “Papa Negro” expresó que los toros de su preferencia habían sido los de la ganadería de Urcola. El público que estimaba más era el de Madrid y Sevilla. Su suerte favorita y lo que disfrutaba más era torear con la muleta. Se dedicó al toreo por la gran afición que tuvo desde niño, siendo su mayor aspiración llegar a ser el primero. La primera vez que vistió el traje de luces le causó la alegría más grande que había experimentado en toda su vida, en la plaza de Jerez de la Frontera en el año 1897; en dicha plaza mató dos becerros, alternando con Crispín. En su vida torera lo que más le impresionó fue la primera vez que pisó el ruedo madrileño. No pensaba abandonar el toreo sino cuando sus facultades le impidieran hacerlo. De no ser torero, le hubiera gustado ser mozo de plaza.

El 8 de octubre de 1905, en la plaza de toros Arenas de Barcelona (España), se lidiaron ocho toros de Aleas, siendo Manuel Mejías Rapela “Bienvenida” el triunfador. La crónica el diario “ABC” señaló: “El diestro escuchó la mayor ovación que el público de Barcelona ha tributado a torero alguno desde los tiempos del Guerra”. Se lució en su faena con el séptimo toro de la tarde, al que le colocó tres estupendos pares de banderillas. Realizó una estupenda faena con la muleta, matando de soberbia estocada, saliendo a hombros de la plaza.

Con la plaza llena hasta la bandera, tomó la alternativa como matador de toros. Se la concedió José García Rodríguez “Algabeño” (padre), en la plaza de toros de Zaragoza, el 14 de octubre de 1905, actuando como testigo, Rafael Molina Martínez “Lagartijo Chico”, sobrino de “Lagartijo” el Grande. Se lidiaron astados de Benjumea. “Bienvenida” al toro de su alternativa, de nombre “Huidor”, le realizó una estupenda faena, cortó una oreja y fue muy ovacionado. Confirmó su alternativa, el 14 de marzo de 1906, en la plaza de toros de Madrid. Se lidiaron toros de Miura y de Murube, para los diestros José García Rodríguez “Algabeño” (padre), Rafael Molina “Lagartijo Chico”, Rafael González “Machaquito” y Manuel Mejías “Bienvenida”, quien confirmó su alternativa. “Algabeño”, nuevamente, actuó como padrino de “Bienvenida”, en la Corrida Extraordinaria en honor de los Reyes de Portugal don Carlos I y doña Amelia. Asistieron también los Reyes de España, don Alfonso XII y doña María Cristina, las infantas doña Isabel y doña María Teresa, el Príncipe don Fernando de Baviera y otras personalidades. El toro de Miura de la confirmación de “Bienvenida”, se llamó “Jabato”. “Bienvenida”, brindó su faena a los Reyes de Portugal, pero no tuvo el éxito deseado. En su segundo astado de Murube, de nombre “Goloso”, escuchó palmas. El 23 de marzo de 1908, falleció en Sevilla a los 63 años de edad, don Manuel Mejías Luján, padre de Manuel Mejías Rapela “Bienvenida”.

Viajó a México, toreando 11 corridas en la plaza de toros de “El Toreo” en la ciudad de México, D.F., la temporada 1908-1909. El 15 de noviembre de 1908, se lidiaron toros de “Piedras Negras” para “Bienvenida” y Vicente Segura. El encierro fue considerado el mejor de la temporada y “Bienvenida” triunfó cortando una oreja al tercero y quinto toro de la tarde. El 10 de enero de 1909, ante reses de San Diego de los Padres, “Bienvenida” les cortó las orejas a sus dos toros. Alternó con Diego Rodas “Morenito de Algeciras” y Julio Gómez “Relampaguito”.

El 2 de mayo de 1910, en la plaza de toros de Madrid, se lidiaron seis toros de Benjumea para los diestros Rafael Gómez “El Gallo”, Manuel Mejías “Bienvenida” y Manuel Rodríguez “Manolete” (padre). “Bienvenida”, vistió un traje de luces azul y oro. A su primer toro, de nombre “Merino”, lo recibió con cuatro verónicas, rematando con unas tijerillas que fueron muy aplaudidas. Banderilleó e inició su faena ejecutando un cambio con la muleta plegada. Continuó realizando variados pases, culminando con una certera estocada recibiendo. “Bienvenida” escuchó una sonora ovación. A su segundo toro, de nombre “Capitán”, le realizó una faena muy alegre y vistosa, tanto con el capote como con la muleta siendo, fuertemente, ovacionado.

El 26 de mayo de 1910, en la plaza de toros de Madrid, se lidiaron dos de Olmedo y seis toros de Olea, para los rejoneadores portugueses Manuel y José Casimiro y los diestros Vicente Pastor, Manuel Mejías “Bienvenida”, José Carmona “El Gordito” y Remigio Frutos “Algeteño”. “Bienvenida” escuchó palmas en su primer toro de nombre “Candilejo”. A su segundo toro, quinto de la tarde, de nombre “Marismeño”, “Bienvenida” le realizó una gran faena. Se lució en verónicas con el capote y en los quites con Vicente Pastor y “El Gordito”, siendo muy aplaudidos los tres diestros. En banderillas destacó “Bienvenida” colocando tres buenos pares; uno, desde adentro hacia afuera pegado en tablas; otro, al quiebro, a dos metros de distancia; y uno al cuarteo, todos de gran factura, recibiendo una sonora ovación. Recibió al toro con la muleta con un pase de pecho y un natural, demostrando una quietud pasmosa. Continuó su gran faena y colocó una buena estocada, pero tuvo que descabellar a su enemigo, liquidándolo en el primer intento. Recibió un gran reconocimiento del público. Según la crónica del diario “ABC” fue: “La ovación más grande escuchada en Madrid hace años”.

El 29 de mayo de 1910, en la plaza de toros de Madrid, se lidiaron dos toros de Martín para los rejoneadores portugueses Manuel y José Casimiro, y tres toros de Gama y tres de Trespalacios, para los diestros “Machaquito”, Rafael Gómez “El Gallo” y Manuel Mejías Rapela “Bienvenida”. Los tres diestros se habían lucido en los quites. “Bienvenida” a su primer toro de nombre “Pepillo”, de Trespalacios, le realizó una gran faena escuchando una fuerte ovación. En su segundo, de la ganadería de Gama, escuchó palmas. El crítico taurino José de la Loma, “Don Modesto”, del diario “El Liberal”, le había puesto el seudónimo de “Papa” al célebre torero Ricardo Torres “Bombita”, pero al presenciar el arte y la entrega que demostró Manuel Mejías “Bienvenida”, durante su gran faena de Madrid, “Don Modesto” decidió bautizarlo como el “Papa Negro”, el nombre con el que la iglesia distinguía al Jefe de la Compañía de Jesús en Roma, los Jesuitas.

El “Papa Negro”, continuó cosechando triunfos, aceptando el reto de encerrarse en solitario, el 10 de julio de 1910, en la Plaza de Toros de Madrid, ante seis toros de la ganadería del Conde de Trespalacios, con la presencia de los Reyes de Portugal en el palco. Pero la suerte no estuvo de su lado aquel día, pues el tercer toro, de nombre “Viajero”, marcado con el numero 13, le corneó gravemente, destrozándole la femoral del muslo izquierdo, cuando ejecutaba un pase estatuario. El “Papa Negro”, casi quedó inútil del grave percance, cuando se encontraba en la cúspide de su carrera. Después de la cornada del toro de Trespalacios, “Bienvenida” sufrió mucho, quedando mermadas sus facultades físicas, comenzó su descenso perdiendo sitio entre los grandes matadores con el advenimiento arrollador de “Joselito” y Belmonte. Desde 1905 hasta 1917, el “Papa Negro” toreó en España: 2 corridas (1905), 35 corridas (1906), 29 corridas (1907), 33 corridas (1908), 28 corridas (1909), 20 corridas (1910), 31 corridas (1911), 18 corridas (1912), 24 corridas (1913), 18 corridas (1914), 6 corridas (1915), 10 corridas (1916) y 8 corridas (1917).

El “Papa Negro” toreando en 1911 y con la grata compañía de su hermosa familia.

(Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El 17 de septiembre de 1911, don Manuel Mejías Rapela, contrajo matrimonio en la Iglesia Catedral de San Isidro con doña Carmen Jiménez Álvarez, de cuya feliz unión nacieron los integrantes de la famosa dinastía que cubrió de gloria los ruedos del mundo.

El “PAPA NEGRO” EN AMÉRICA

Superando su larga convalecencia de aquella terrible cornada, decidió probar suerte en América. Luego de torear en Perú con mucho éxito, vino por primera vez a Venezuela, en febrero de 1915. Caracas, su hermosa capital, acogió con verdadero cariño al “Papa Negro”. Vinieron también los diestros: Agustín García, “Malla”; Alfonso Muñoz “Corchaíto II” y Francisco Barciela, entre otros. Los empresarios de Caracas hicieron gestiones para que los matadores actuaran en la capital. Las ofertas, al parecer, no le gustaron a don Manuel Mejías, “Bienvenida”, publicando en la prensa caraqueña una carta, manifestando su desacuerdo con la empresa. La misiva hizo su efecto, y Bienvenida, fue contratado para tomar parte en varias corridas en el Circo Metropolitano de Caracas (Venezuela), destacando la tarde del domingo 14 de marzo de 1915, su primera corrida. Alternó Bienvenida con Francisco Barciela, logrando un gran éxito en su primera presentación.

El 11 de mayo de 1915, en el Circo Metropolitano de Caracas (Venezuela), “Bienvenida” y Trini Pérez “Machaquito de Sevilla”, participaron en la lidia y muerte de cinco toros de Santaella y la lidia a simulacro del toro “Rubito”, precioso ejemplar del duque de Veragua, jabonero, sobrante de la célebre temporada monstruo, destinado para el cruzamiento con la raza criolla. “Bienvenida”, dedicó la lidia de “Rubito”, muy especialmente, al General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela. Desde ese momento, nació una gran amistad entre ambos. Esa tarde, los matadores se lucieron, escuchando muchos aplausos.

El 13 de febrero de 1916, Manuel Mejías Rapela el “Papa Negro”, se encerró en solitario para matar seis toros de la ganadería peruana del Olivar, en la plaza de toros de Lima (Perú), obteniendo un gran triunfo, cortando tres orejas.

El 2 de abril de 1916, Manuel Mejías, “Bienvenida”, reapareció en Caracas (Venezuela), alternando con José García “Alcalareño”, lidiando toros de Gorrín y Santaella. El domingo 9 de abril de 1916, se repitió el mismo cartel, ante un buen encierro del General Juan Vicente Gómez. El “Papa Negro”, en tarde de inspiración, obtuvo fuertes ovaciones, cortó cuatro orejas y dio varias vueltas al ruedo, siendo llevado a hombros hasta el hotel Klindt de Caracas donde tuvo que salir al balcón para saludar al numeroso público que lo aclamó. Regresó a Venezuela en 1921 y 1922, presentándose en el Nuevo Circo y Circo Metropolitano de Caracas, sin mucho éxito. El 25 de junio de 1922, significó un día de gran alegría para él y su familia, porque nació su hijo Antonio Bienvenida, en el hotel Madrid de Caracas (Venezuela), entre las esquinas de Municipal y San Pablo.

Don Manuel Mejías Rapela, el “Papa Negro”, se dedicó en cuerpo y alma a formar, desde muy niños, en Caracas (Venezuela) la carrera taurina de sus hijos, Manolo y Pepe Bienvenida. El 22 de octubre de 1923, fueron presentados los hijos del “Papa Negro”, Manolo y Pepe, de diez y nueve años de edad, respectivamente, en una becerrada íntima. Allí mataron sus primeros becerros apuntando una gloriosa esperanza en la afición.

El año 1923, durante la permanencia de don Manuel Mejías Rapela el “Papa Negro” en Caracas, fue entrevistado por el cronista taurino Edmundo Chispa del periódico “El Nuevo Diario”. El reportaje abordó varios aspectos de su vida y carrera taurina. Al final de la amena tertulia con el periodista, como nota curiosa, se le acercó su pequeño hijo Antonio, que tenía un año y medio de edad y el “Papa Negro” dijo que era venezolano, nacido en Caracas. A continuación, comparto con los lectores, un resumen de la interesante entrevista realizada en Venezuela:

“Lo de Bienvenida me viene, porque el pueblo donde yo nací en Extremadura, se llama así. En cuanto a mi afición taurina. ¡Oh, desde muy chico! Con decirle a usted que de once años aparecí en Sevilla toreando con “Revertito”. Mi alternativa fue en octubre de 1905, en Zaragoza, que me la dio el “Algabeño”, para confirmármela él mismo el año siguiente en Madrid, en una corrida regia de honor a los Reyes de Portugal. Una tarde muy buena, tuve mucha suerte. Sí, señor, he tenido muchas tardes muy grandes. Sobresaliendo, especialmente, en Madrid, con “El Gallo” y “Machaco”, en la temporada de 1910. Fue por esa tarde que Don Modesto, el gran revistero, me nombró el “Papa Negro” de la torería. Después que estuve aquí en Venezuela, la primera vez, y que regresé a España, salí luego para Lima contratado por Moreno, junto con Belmonte y “Fortuna”. Un desagrado con aquel Empresario, me hizo regresar más pronto a la Península, pero al pasar por Colombia, quise dar unas corridas y las di. ¡Ah! Pues tuve tanta suerte, que resolví quedarme otro tiempo por América, porque además ya Belmonte y “Joselito” empezaban a correr gente. Habían hecho retirar a “Bombita” y a otras grandes figuras, y pensé que lo mejor era dejar pasar aquella ola que tenía fuerza para llevarse a todos por delante.

Luego, cuando resolví la vuelta por América, las corridas, por muchas circunstancias, no tenían la regularidad que en España. Que si es porque no consiguen buenos toros, que si porque llueve, que si… total, que más son las que tienen que suspender que las que se dan, y así no es posible torear con los resultados en dinero que debían ser, y lo que se gana en una temporada se va en el tiempo que tiene uno que esperarse. Ya llevo seis años por México, Guatemala, Colombia, Venezuela... y sin poder regresar a España a luchar otra vez, vamos, a resucitar, a dejar ver que si no tan joven, tengo la misma afición, las mismas facultades de antes, que puedo hacer lo que antes hice. ¡Se los aseguro! La suerte, la voluntad y la resolución la tengo de conseguir una buena tarde; para ello he traído un encierro que afirmo, es de una bravura efectiva, y tengo ya una alegría muy íntima, como si viese que he confirmado para el público de Caracas mi viejo cartel.

Me gusta el toro bravo, grande o chico, que lo mismo hace uno que otro. Ya solicité torear con el venezolano Eleazar Sananes, con la intención de “bañar”, como dicen aquí, a ese diestro. El toreo de Sananes es tan distinto al mío, que él con una buena tarde y yo lo mismo, ninguno de los dos quedaría por encima del otro. El toreo de Eleazar es el toreo del valor y del arte, lo reconozco. Mire usted, no hay un solo torero que no sea valiente al torear, y si le dicen que no es así, ríase de ello. Habrá visto que unos toreros, en un toro malo, se defienden mejor, se saben echar el bicho más lejos, aun huyendo menos que unos de esos que llaman valientes, que por no saber, tienen siempre al enemigo dentro del vientre.

En la fiesta taurina, la emoción que debe darse es la del arte y la belleza. Defiendo la afición y siento un cariño inmenso por mí profesión, y mucho más que lo que pueda ganar en toda una temporada, me entusiasma y hace gozar una buena tarde. Y si no, mire: he ganado alrededor de cuatro millones de pesetas, y de eso no he conservado un solo céntimo, en tanto que el recuerdo de las ovaciones que he logrado alcanzar todavía son felicidad, alegría para mí, alegría muy grande, muy íntima que no cambio por esos milloncejos que he echado a la calle”.

Relató el cronista que durante la entrevista, en una carrera vacilante, hizo irrupción, un “catirito” (niño de cabello rubio). El “Papa Negro”, lo recibió y sostuvo entre sus piernas; alzando luego a la preciosa criatura hasta la altura de su cabeza, logrando sentársela en un hombro, concluyendo: “Y a éste no lo cambio por todos los millones del mundo. Es el último de cuatro que tengo. Es un venezolano. Nacido en Caracas, conque figúrense ustedes, si mi mujer ni yo podremos olvidar esta tierra cuando de ella nos llevamos un fruto tan querido”. Empeñado en una lucha contra los cabellos del diestro, el pequeño Antonio sonrió, con una risa de rosa recién mojada, señaló el cronista que realizó la amena entrevista.

A la izquierda: Brindis de despedida en México del “Papa Negro” en 1927. Foto: Toros y Deportes. A la derecha: El “Papa Negro” en Madrid. 1910. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El 27 de enero de 1924, en el Circo Metropolitano de Caracas, se celebró una corrida a beneficio del “Papa Negro”. Torearon “Carnicerito de Málaga”, “Carralafuente”, Manolo Menchaca y los niños Manolito y Pepito Bienvenida, que lidiaron dos becerros de media casta. Esta actuación fue histórica, porque significó el debut ante el público caraqueño de los niños Bienvenida en una inolvidable tarde de toros. El 10 de febrero de 1924, en la mañana, los niños Bienvenida torearon un festival a beneficio del Club Central de Caracas en el Circo Metropolitano.

El “Papa Negro”, toreó algunas tardes en el interior de la República de Venezuela, en Valencia y Barquisimeto, finalizando sus actuaciones, el 26 de abril de 1924, en el Circo Metropolitano de Caracas, compartiendo cartel con Rafael Gómez “El Gallo”, Hipólito y Julio Mendoza, “Niño II”. Finalizados sus compromisos taurinos, el “Papa Negro” quería regresar con su familia a su patria, pero no tenía la cantidad de dinero suficiente para realizar el viaje, aunque había toreado algunas tardes, el dinero que ganaba en Venezuela era muy poco. Entonces, el “Papa Negro” conversó con sus amigos, Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez y ellos, inmediatamente, fueron a hablar con su padre, el General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, para que lo ayudara. El General Gómez, les respondió que con el mayor gusto lo haría y le regaló los pasajes para que pudiera regresar, felizmente, a España con toda su familia. Para don Manuel Mejías Rapela, el “Papa Negro”, el General Gómez significó un gran amigo y entusiasta admirador.

En el magnífico libro escrito por Luis de Armiñán, titulado: “Don Manuel Bienvenida -El Papa Negro - Vida y novela de un matador de toros”, don Manuel Mejías “Bienvenida” recordaba su gran amistad con el General Juan Vicente Gómez: “La recaudación fue escasa, pero el Presidente de la República, don Juan Vicente Gómez, aportó la cantidad suficiente para que el viaje se hiciera con soltura y comodidad. Don Juan Vicente Gómez...Sea bendita su memoria, porque cada hombre debe hablar de los otros hombres, por cómo fueron sus acciones entre ellos”.

De regreso a España, sus hijos Manolo y Pepe, torearon por primera vez, el 22 de febrero de 1925, en Coria del Río (Sevilla). Los niños Bienvenida, Manolo y Pepe, debutaron como becerristas en la Maestranza de Sevilla, el 28 de junio de 1925, estoqueando dos becerros del Marqués de Sales. Manolo brindó su primer becerro en España a su padre el “Papa Negro”, en presencia de su hermano Pepe. Posteriormente, el 3 de julio de 1925, repitieron su presentación ante la misma ganadería, logrando la apoteosis y consagración absoluta en España. En 1927, el “Papa Negro”, se despidió de los ruedos ante la afición mexicana en una corrida benéfica alternando con sus hijos, Manolo y Pepe, quienes le cortaron la coleta en un acto muy emotivo.

Mi bisabuelo, el General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, y sus hijos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez, fueron grandes aficionados taurinos. Con sus aportes contribuyeron enormemente al desarrollo e impulso de la Fiesta Brava en Venezuela. Durante la Ferias de Maracay de 1933 y 1934, fueron invitados don Manuel Mejías Rapela el “Papa Negro” y sus hijos Manolo y Pepe “Bienvenida” por los hermanos Gómez Núñez, a varios tentaderos en las ganaderías de su propiedad, “La Providencia” y “Guayabita”, en Turmero (Edo. Aragua). Disfrutaron entrañables momentos, aprendiendo sobre el difícil y apasionante mundo del toro. Contaba mi abuelo Florencio del “Papa Negro”, lo siguiente:

“De las personas que yo tuve la suerte de conocer, el “Papa Negro” fue un sabio en las conversaciones de toros. Daba gusto escucharlo, porque uno aprendía con él. Se apasionaba tanto con el toreo de sus hijos, que hasta llegaba a criticar conmigo los defectos que pudieran tener Manolo y Pepe. El viejo Bienvenida, fue un hombre de una apreciación muy pura en el arte de torear, siendo muy estricto y disciplinado, enseñó a sus hijos toda su tauromaquia, porque venía de una escuela constante de tradición, ya que su padre también había sido torero”.

Manolo Bienvenida, participó en las tres corridas inaugurales de la plaza de toros Maestranza de Maracay (Venezuela) en 1933, organizadas por los hermanos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez, toreando, nuevamente, en 1934 en compañía de su hermano Pepe Bienvenida. El “Papa Negro”, compartió frecuente correspondencia con mi abuelo Florencio Gómez Núñez, enviándole las noticias, crónicas y fotografías de los triunfos de sus hijos, matadores de toros, de los que se sentía muy orgulloso.

Durante la Feria de Maracay de 1934, don Manuel Mejías Rapela el “Papa Negro”, les dedicó a sus amigos los hermanos Gómez Núñez, de su puño y letra, una cariñosa y sentida dedicatoria:

“El arte del toreo vino del cielo. Así está escrito en los anales taurinos, y yo, como furibundo taurófilo, y Ex “Papa Negro” del toreo, así lo creo y pienso en la afición de mis entrañables amigos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez, a esta fiesta de grandes emociones, por eso se me ocurren estos renglones flamencos”:

Mañanita cuando yo me muera

que me entierren en un serrao

pa´que la yerbecita que nazca en mi cuerpo...

se la coma toíta er ganao.

Manuel Mejías “Bienvenida”, Padre.

A la izquierda: El “Papa Negro” en compañía de sus pequeños hijos, Manolo y Pepe “Bienvenida” que tantos triunfos conquistaron en América en 1927. Foto: Grafles, S.A. A la derecha: El “Papa Negro” con su gran amigo don Florencio Gómez Núñez en Venezuela, año 1933. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Don Manuel Mejías Rapela, el “Papa Negro”, se distinguió siempre como una gran persona, familiar, excelente amigo, simpático, noble, consecuente, agradecido y servicial. Su vida estuvo marcada por increíbles anécdotas que enriquecieron su personalidad. Derrochaba en su trato mucha simpatía y elocuencia. Hombre vivo, inteligente, ingenioso. Se propuso unas metas que cumplió a cabalidad con bastante sacrificio, disciplina y honestidad. Amó y respetó su profesión de matador de toros como ninguno, transmitiendo su desbordada pasión por el mundo del toro a sus hijos, convirtiéndolos en grandes figuras del toreo.

Fue un magnífico maestro apoderando la carrera de sus hijos, así como la de Victoriano de La Serna y el venezolano César Faraco, entre otros. El diestro venezolano Luis Sánchez Olivares “Diamante Negro”, gracias a su buena amistad con la familia Bienvenida, intercedió con el “Papa Negro” para que administrara la carrera taurina del venezolano César Faraco. Don Manuel Mejías, siendo su apoderado, llegó a firmarle una exclusiva de 20 novilladas y su alternativa en Madrid. Antonio Bienvenida, fue el padrino de alternativa de César Faraco, el 13 de mayo de 1955, en la Monumental de Las Ventas, durante la Feria de San Isidro, ante toros de Prieto de la Cal y Carlos Núñez. El “Diamante Negro” se portó muy bien con su compatriota y observó la corrida desde el callejón, en compañía del “Papa Negro”.

El 11 de mayo de 2011, recibimos la gentil invitación del Círculo Taurino Amigos de la Dinastía Bienvenida de España, en ocasión de la celebración del I Encuentro Iberoamericano, para presentar en la Sala “Antonio Bienvenida” de la Plaza de Toros Monumental de Las Ventas de Madrid, el documental “Los Bienvenida en Venezuela. Huella indeleble en el corazón de una dinastía”, realizado por nosotros, los Hnos. Dupouy Gómez. Acudieron distinguidas personalidades del mundo del toro que pudieron disfrutar una semblanza histórica de la gloriosa dinastía torera, destacando la importante figura de don Manuel Mejías Rapela el “Papa Negro”. Se pudieron apreciar en nuestro documental importantes fotografías, películas y documentos inéditos de sus actuaciones y las de sus hijos en Venezuela.

Han pasado 50 años desde aquel día domingo, 4 de octubre de 1964, cuando el queridísimo don Manuel Mejías ·Bienvenida”, el inolvidable “Papa Negro”, se despidió para siempre de este mundo, dejando una estela de recuerdos imborrables y el cariño de la gente. Había padecido una hemorragia cerebral, unos días antes de su triste deceso. Entregó su alma a Dios, en su querida residencia de la calle del General Mola, número 3, a las 11:00 de la noche. Tenía 80 años de edad. Recibió los Santos Sacramentos en compañía de sus familiares y amigos más íntimos como el diestro Gregorio Sánchez, el crítico taurino don Vicente Zabala, los miembros de la cuadrilla de su hijo Antonio y el señor Talavera, entre otros. Su cuerpo lo amortajaron con un hábito franciscano, quedando expuesto en capilla ardiente. Acudió el padre Manzaneque que ofició una misa en la misma casa. Infinidad de personalidades de todos los ámbitos sociales se dieron cita para despedir al “Papa Negro”, entre ellos el Presidente de la Diputación, Marqués de la Valdavia, el General Sotelo, el Vizconde de Burguillos, los diestros Domingo Ortega, los Dominguín, Fermín Rivera y el empresario de la plaza de toros de Las Ventas, don Livinio Stuyck. Numerosas coronas fueron enviadas del Montepío de Toreros, de la Agrupación de Apoderados, de la Agrupación de Picadores y Banderilleros, de la cuadrilla de su hijo, el maestro Antonio Bienvenida y del empresario don Pedro Balañá.

Innumerables aficionados y amigos se hicieron presentes para despedir al “Papa Negro” del toreo. Bajaron el féretro a la calle a hombros sus hijos y familiares e inmediatamente fue conducido hacia la Iglesia de la Concepción, donde realizaron un emotivo responso. Estuvieron presentes el Alcalde de Madrid y el Presidente de la Diputación Provincial, gran cantidad de toreros, artistas de cine, teatro y una multitud de gente del pueblo que le admiraba. Durante el trayecto al Cementerio de la Sacramental de Santa María de Madrid, recibió el carro fúnebre centenares de flores arrojadas por el público que observaba conmovido, su paso hacia su última morada, en donde recibiría cristiana sepultura. Finalmente, se cumplió el último deseo y voluntad del “Papa Negro”, derramando sacos de arena de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Monumental de Las Ventas de Madrid y plaza de toros de Badajoz sobre su tumba como lo había manifestado en vida.

Don Manuel Mejías Rapela, el “Papa Negro”, fue la fiesta brava hecha persona. Con su triste desaparición, se cerró uno de los más importantes capítulos de la historia del toreo. Paz a su alma y gloria a su recuerdo.

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