jueves, 8 de octubre de 2009

TENGO UNA CORAZONADA: GALLARDÓN, AL CORRAL..



"Bocanegra"
(Fuente: Blog "Del toro al infinito..."
Le sacarán “pañuelo verde” en la Alcaldía de Madrid tras el ridículo de Cophenague. Ya veremos, ya, qué corazonada tan rica.

Han pasado unos días y la rechifla sigue en aumento, por su avieso comportamiento en el ruedo de la candidatura olímpica.

El marrajo de nombre Gallardón, núm. 20016, de equívoco hierro, y reata falsaria, se mostró como ejemplar de escaso trapío, de salida briosa aunque de engañosa bravura, con arreones de mansedumbre por todo el redondel, llegando sin fijeza al peto del Comité que lo para de un certero puyazo en todo lo alto; echando la cara arriba y quitándose el palo sale de najas a no se sabe dónde.

Derrengado de los cuartos traseros acude a una segunda vara que la toma de refilón; escarba sin cesar y su juego fulero le condena, en el segundo tercio, a banderillas de castigo.

Negras las banderillas, negro el astracanado pelo del manso estrecho de sienes , negra la mano que lo ha criado, y negro el porvenir que le espera en el último tercio de su lidia, esta vez ante la afición más importante del mundo, “ná menos que la de Madrizz”.

Y ahí, sí que no tragan, en cuanto asome la testud, pañuelo verde y al corral.
Eso sería lo normal, eso es lo que se debe hacer con especímenes de semejante juego.

Pues claro que se presta a la ironía el osado proceder de Alberto Ruiz Gallardón, sátrapa de la Villa, ese olímpico ful, que alardea y ejerce de antitaurino fetén.

Alberto quería presumir de padre de la olimpíada matritense, y no le queda otra que seguir presumiendo de ir contra lo que ama y apasiona a una gran mayoría de madrileños, los toros.




“Unos juegos olímpicos para Gallardón”, es el título que debiera haber encabezado el video publicitario de la candidatura de Madrid, dónde no aparece una sola imagen de la tradición taurina de la capital de España, ni de su feria de “San Isidro”, la más importante del mundo, ni del Monumento Nacional donde se celebra, La Plaza de Las Ventas, por dónde pasan durante el mes de Mayo una legión de espectadores que roza una cifra cercana al millón.

“Por lo único que no siento dejar la Comunidad de Madrid, es por no tener que asistir a la corrida de Beneficencia para acompañar al Rey”, comentaba ufano Alberto cuando se dirigía al asalto de la Casa de la Villa, ya con los soñados aros sobre tan despabilado magín.

Madrid y los madrileños se merecen unos juegos, y el desvelo de su ayuntamiento para conseguirlos también, sí, pero no a costa de la ambición de su Alcalde, de sus intereses y fines personales.

Con mayor merecimiento y legitimidad la Fiesta necesita el apoyo del Alcalde de Madrid, y no su desprecio. Madrileños somos todos, todos pagamos tributos y votamos en las elecciones municipales, y cuando nacen los primeros juegos, ya hacía unos siglos que en España y en Madrid se celebraban corridas de toros.

Quizás el toro no represente para el Alcalde lo progre, y se posicione junto a lo falaz del animalismo. ¿Y qué?

Las subvenciones y ayudas son para todos, incluido lo taurino, y la actividad cultural municipal debe acoger a la cultura taurina.
A ver si solo va a haber dinero para esa mascarada zerolera acuñada con el pomposo nombre del día del orgullo gay, de su amigo Sarasola, o para instalar en el modernísimo barrio de Chueca una red de Wifi de uso gratuito para los vecinos de tan rosácea como privilegiada zona.

Ya Jaime Campmany recogía en su día, en su columna de ABC, las intenciones de Alberto Ruiz Gallardón, manifestadas a un diario italiano, de gobernar en el ayuntamiento madrileño desentendiéndose de lo religioso, el casticismo y la tradición - ni que fuera Álvarez Mendizábal -, añadiendo que nunca asistiría a una corrida de toros, ni a una procesión; para eso sí que es formalito, vaya si lo cumple, y hasta suprimió en las visitas oficiales al Ayuntamiento el tradicional desayuno de chocolate con churros, de Don José María Álvarez del Manzano, por el hortera del “continental”.

A Gallardón no le gustará la "crueldad" sobre los toros, pero desde su satrapía, sí que le gusta emplearla, lidiando de forma infame a los madrileños que, dóciles y humillados, reciben toda clase de quebranto con pases de castigo, toques en los costados, puyazos bajos, banderillas de fuego, bajonazos, y puntillazos.

¿Hasta cuando?

Ya falta menos para que los aficionados a la Fiesta Nacional, madrileños contribuyentes y votantes, le demuestren su gratitud en las próximas elecciones.

Albertito, hijo, la corazonada, ya verás: Pañuelito verde y al corral.

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