domingo, 10 de agosto de 2014

Gran tarde de Eugenio de Mora en el adiós de los toros de Guardiola en Madrid

 ©Dolores de Lara
Eugenio de Mora llevaba el triunfo en el rostro

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Eugenio de Mora da la vuelta al ruedo acompañado de su cuadrilla

Javier López (EFE) Fotografías: © Dolores de Lara

Madrid, 10 ago (EFE).- Una gran tarde del veterano Eugenio de Mora, que cortó una oreja con fuerte petición de la segunda y dio una vuelta al ruedo también después de una notable petición de trofeo, coincidió con el adiós de los toros de Guardiola Fantoni, hoy en Las Ventas.

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FICHA DEL FESTEJO.- Cuatro toros de Guardiola Fantoni, bien presentados, algo justos de raza y de noble comportamiento, destacando al quinto, y dos -primero y segundo- del Conde de la Maza, manso aunque "dejándose" en la muleta el primero, y complicado el segundo.

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Mora       Jairo    y         Venegas

Eugenio de Mora: estocada (oreja con fuerte petición de la segunda); y media y descabello (aviso y vuelta al ruedo tras petición en el límite).

Jairo Miguel: estocada delanterilla y desprendida (silencio); y pinchazo, estocada y descabello (silencio tras dos avisos).

José Carlos Venegas: pinchazo, estocada trasera y seis descabellos (silencio tras aviso); y bajonazo, pinchazo y tres descabellos (ovación tras aviso).

En cuadrillas, eficaz brega al segundo de Ángel Otero, que clavó un extraordinario par al quinto, y buena segunda vara de Gabriel Mercado al sexto.

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En la enfermería fue atendido el subalterno Vicente Cabanes de "policontusiones y esguince de rodilla derecha, pendiente de estudio radiológico. Pronóstico reservado".

La plaza tuvo casi un tercio de entrada en tarde calurosa.

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DESPEDIDA Y REENCUENTRO

Una tarde de emociones encontradas. Se despedía la ganadería de Guardiola Fantoni con su última corrida de toros antes de echar el cierre a 70 años de historia en la cabaña de bravo, donde marcó unas importantes pautas de bravura. Y como contrapunto a la nostalgia, el feliz reencuentro con el triunfo del veterano Eugenio de Mora, que cortó una oreja, aunque lo mejor fue la dimensión global que mostró.

Su primero, un imponente ejemplar del Conde de la Maza, resultó abanto de salida, barbeando tablas y demostrando su mansedumbre en el caballo, de donde salió distraído y viniéndose un punto abajo. Eugenio de Mora estuvo muy centrado en la lidia, atemperándole con suavidad, sin apretarle demasiado en los primeros compases de faena.

Así logró el toledano afianzar al astado, que acabó metido en la poderosa muleta de un torero que llegó a gustarse por momentos, en una labor en la que reverdeció laureles con un toreo exquisito y lleno de recursos, alcanzando una importante cota artística sobre todo en el tramo final.

Se tiró con la espada a matar o a morir, quedando colgado en los pitones del toro, que no lo hirió de milagro. Faena grande, premiada con una oreja, aunque los tendidos le llegaron a pedir una segunda, que el presidente ninguneó.

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En el cuarto salió a por todas De Mora, que firmó un emotivo saludo a la verónica, con media de rodillas incluida. El brindis al público hacía presagiar algo grande, y sin contar con las facilidades que dio el otro toro, no obstante, el compromiso fue total hasta lograr pases de mucho mérito por la estética y la hondura.

Faltó contundencia con la espada, pero así y todo hubo pañuelos en el tendido en demanda de un trofeo que le hubiera supuesto la Puerta Grande. La vuelta al ruedo que dio tuvo sabor a triunfo grande.

Jairo Miguel se enfrentó a un primero con muchas teclas que tocar, un toro que se movió con prontitud, pero con mal estilo, rebrincado, "acostándose" por el derecho y acortando el viaje, todos los indicios de estar "orientado". El joven extremeño resolvió la papeleta con voluntad pero sin decir gran cosa.

El quinto tuvo buena condición por su fondo de nobleza, aunque acabaría también apagándose. Jairo Miguel llevó a cabo una faena un intermitente, en la que no se acopló del todo con su oponente, propiciando que su quehacer no acabara de "romper" en ningún momento, y eso que sonó un aviso antes de montar la espada.

Venegas estuvo por encima de su primero, el primer "guardiola" de la corrida, un animal agarrado al piso y sin ánimo de embestir de entrada, sin embargo, el tesón y la entrega del jienense hizo propició que se fuera soltando a medida que pasaba el trasteo.

Faena de querer mucho y no tirar nunca la toalla, y con pasajes aislados de notable regusto y torería en lo fundamental. Lástima que se atascara con los aceros.

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En el sexto anduvo Venegas demasiado rápido, vencido paradójicamente por sus propias ganas. El toro tuvo movilidad y a la faena le faltó reposo, en definitiva sin argumento artístico. Fue prendido dramáticamente en el segundo envite con la espada, pero no pasó a la enfermería hasta pasaportar a su antagonista. Raza y pundonor. EFE

FLASHES TAURINOS

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